Carmelita, una comunidad con más de 100 años de vivir en armonía con la selva
Carmelita, una pequeña comunidad en el municipio de San Andrés, Petén, se encuentra asentada en plena Reserva de la Biosfera Maya, y trasciende por su historia de 120 años viviendo en medio de una reserva natural del país con conciencia de sostenibilidad.
Estos esfuerzos son reconocidos este martes por el presidente Jimmy Morales quien cumple una gira de trabajo con el acompañamiento de los embajadores de Estados Unidos, Luis Arreaga, y México, Romeo Ruiz Armento.
Esta comunidad se ubica entre Flores, cabecera departamental, y el sitio arqueológico de El Mirador. Quienes viajan por tierra a este monumental complejo, desde Flores, recorren 100 kilómetros en carretera para llegar a Carmelita. Luego, prosiguen caminando a lo largo de otros 40 kilómetros.
Se trata de una comunidad de unas 400 familias que habitan en el área protegida Mirador – Río Azul y se han organizado en la Cooperativa Carmelita R.L.
Eddy Josué Godínez es regente forestal de la Cooperativa y conversó respecto a cómo el colectivo vive y produce con un claro sentido de cuidado y sostenibilidad de las 53.797 hectáreas del bosque.
Dentro de este bosque hay unas 20 especies de árboles, entre los que figura la planta de chicle, pimienta, ramón y el xate.
«Carmelita es una comunidad con 120 años de proteger el bosque, viviendo en armonía con la selva», comentó. Eddy Godinez
El mayor reto es evitar tala indebida de árboles y vela porque se cumpla la normativa a cargo del Consejo de Áreas Protegidas (Conap) en cuanto a que no se puede talar los árboles cercanos a áreas protegidas.
«Según la normativa solo podemos talar un árbol por hectárea» expresó. El Instituto Nacional de Bosques (Inab) se encarga de supervisar el cumplimiento de esta norma.
Los pobladores marcan los tallos de los árboles con letras como la «P», equivalente a «protección», y que indica que debe ser respetado.
La explotación de productos como chicle, pimienta, cedro y xate permite a las familias hacerse de los recursos para vivir.
«Con las ventas de estos productos la comunidad no solo se beneficia en su economía local sino también parte del dinero lo invierte en protección ambiental», dijo.
Anualmente esta organización aporta 500.000 quetzales para la conservación del bosque y protección de incendios.
Cooperacion interinstitucional
Año con año los comunitarios organizan supervisiones a pié por el área boscosa para verificar que no exista tala indebida de árboles junto a varias entidades gubernamentales.
«Nos acompañan en los recorridos muchas organizaciones nacionales y representantes de organismos de cooperación internacional, todos con el mismo fin: proteger este pulmón de oxígeno del país», expresó.
Entre las entidades que participan en las misiones de protección figuran el Ejército de Guatemala, Conap, Inab y organizaciones no gubernamentales que velan por la protección del ambiente.
Texto: Brenda Larios /Foto: William Meoño







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